domingo, 18 de enero de 2015

Doce lunas 1M


El gálata moribundo de ¿Epígono?

El día amanece nublado y frío y, a pesar de la poca luz, sabes que es más tarde de lo acostumbrado.

Te extrañas de que tu abuela te haya dejado dormir más de lo acostumbrado sabiendo todo lo que hay por hacer hoy.

Sin embargo, poco a poco, los hechos acontecidos anoche vuelven a tu cabeza y te asombras haberlos podido olvidar aún por un sólo segundo: las pisadas vacilantes y el gorgoteo, la mano ensangrentada apartando las pieles de la entrada, el cuerpo del soldado romano cayendo desplomado en tus brazos cuando acudes a ver quién se encontraba al otro lado y sus palabras entrecortadas e ininteligibles.

Te apresuras a vestirte y a salir de tus habitación.

Al descorrer las pieles, encuentras al Gran Jefe Owen hablando con tu abuela:

-No ha habido forma. Todos mis conocimientos han sido inútiles y ya sabes lo que esto significa.

Owen se atusa los grandes bigotes y contesta:

-Quizás ha llegado la hora de averiguar si...- Interrumpe sus palabras al girar la cabeza y verte.

-¿Qué ha ocurrido?- Quieres saber.

-El romano ha muerto hace una hora-, contesta tu abuela visiblemente molesta por la interrupción.

-¿Ha dicho algo?

-Nada- contesta Owen.

-Es tarde, Brayan. Y hay mucho por hacer. Tienes la comida preparada. Será mejor que te pongas en marcha, pero no te alejes de la aldea.

La voz de tu abuela no deja lugar a dudas y sabes que toda protesta será inútil, así que tomas tu hatillo con la comida del día y decides empezar las tareas del día trayendo agua del arroyo.

Por el camino, piensas en tu amigo Mael. ¿Será buena idea perdirle que te acompañe? Así al menos tendrás compañía con la que hablar sobre todo lo sucedido.

Si decides ir a ver a Mael, ve a la página 25

Si decides ir a por agua tú solo, ve a la página 80